viernes, 3 de febrero de 2017

En un cuento creado había un cuerpo que quería crecer, y hasta no darse cuenta que en su pequeñez las raíces se expandían bajo la tierra, hacían caminos de agua, distribuían vitaminas y minerales por todas sus células hasta entonces fue, que las células enverdecieron al ver el sol,  se abrieron y crecieron,  y el cuerpo maduró con gran conocimiento de la tierra y del cielo.
La tierra es nuestro gran hogar, nuestro alimento y dador de vida.  Los desechos industriales, el poder del capital, la invasión de tierras, la explotación de recursos degrada y confunde nuestra razón de vivir.  El desarrollo de los pueblos es confuso cuando se borran las huellas del pasado.
Nuestros pueblos originarios son poseedores de sabiduría, que tras los siglos han trabajado en su andar, sembrar y escuchar del universo.  Cielos limpios y tierras fértiles guiaron la voz de los ancestros.  Hasta la invasión de tierras conquistadas
Hoy la resistencia es inminente, no es cosa más que del siglo que apenas terminó la gran degradación de nuestro planeta, el cambio climático, la erosión de la tierra.
Las carreteras y el comercio han llegado a los recónditos lugares donde habitan los pueblos indígenas. Y ¿qué significa el desarrollo en este sentido?
Hacia dónde el desarrollo de un pueblo si no es desde las raíces. Hacia la tierra y lo que la tierra dice. 

Mesa del Tirador, es solo una de las comunidades wixaritari que hay en la zona, aún  falta conocerlos y conocerme en la voz que escucho de ellos y de la montaña, - del interior-  antes de afirmar cualquier cosa es siempre mi interpretación y amistad con Angelina y su familia, y el acercamiento a los fundadores de Mesa, los mayores, los abuelos. Ahí los ancestros me han llamado y sinceramente a veces no se cómo responder, porque tampoco es una pregunta que haya que hacer, solo vuelvo a escuchar, desde el centro de la primera noche el oir de los cantos y el oir de los gallos, y en cada viaje una nueva voz.

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