En un cuento creado había un cuerpo que quería crecer, y hasta no darse cuenta que en su
pequeñez las raíces se expandían bajo la tierra, hacían caminos de agua,
distribuían vitaminas y minerales por todas sus células hasta entonces fue, que
las células enverdecieron al ver el sol,
se abrieron y crecieron, y el
cuerpo maduró con gran conocimiento de la tierra y del cielo.
La tierra es
nuestro gran hogar, nuestro alimento y dador de vida. Los desechos industriales, el poder del
capital, la invasión de tierras, la explotación de recursos degrada y confunde
nuestra razón de vivir. El desarrollo de
los pueblos es confuso cuando se borran las huellas del pasado.
Nuestros pueblos
originarios son poseedores de sabiduría, que tras los siglos han trabajado en
su andar, sembrar y escuchar del universo.
Cielos limpios y tierras fértiles guiaron la voz de los ancestros. Hasta la invasión de tierras conquistadas
Hoy la resistencia
es inminente, no es cosa más que del siglo que apenas terminó la gran degradación
de nuestro planeta, el cambio climático, la erosión de la tierra.
Las carreteras y
el comercio han llegado a los recónditos lugares donde habitan los pueblos
indígenas. Y ¿qué significa el desarrollo en este sentido?
Hacia dónde el
desarrollo de un pueblo si no es desde las raíces. Hacia la tierra y lo que la
tierra dice.
Mesa del
Tirador, es solo una de las comunidades wixaritari que hay en la zona, aún falta conocerlos y conocerme en la voz que
escucho de ellos y de la montaña, - del interior- antes de afirmar cualquier cosa es siempre mi
interpretación y amistad con Angelina y su familia, y el acercamiento a los
fundadores de Mesa, los mayores, los abuelos. Ahí los ancestros me han llamado
y sinceramente a veces no se cómo responder, porque tampoco es una pregunta que
haya que hacer, solo vuelvo a escuchar, desde el centro de la primera noche el
oir de los cantos y el oir de los gallos, y en cada viaje una nueva voz.